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A mis queridos maestros…

El título tiene dos sentidos, uno agradecer a mis queridos maestros y otro que usted recuerde a los suyos.
Mi primera experiencia de cariño a los maestros la tuve a los siete años y fue hacia una excelente y linda maestra que sustituyó a la maestra oficial, porque se fue a dar a luz. No recuerdo su nombre, pero si su linda cara redonda, sus labios pintados de rojo y como nos enseñó a leer, aritmética, idioma nacional, ciencias naturales y sociales. Eran las cuatro materias del primer grado en 1950.

En la primaria, mis maestros fueron doña Chela Días, doña Concha Velasco, el Sr. Fausto, el Sr. Oliva y Don Oliverio Cortez. En la secundaria, el Padre Carballo en el instituto Santo Tomás, el Sr. Laureano y el Sr. Zometa. Y después, en el instituto Sarvelio Navarrete, el Sr. Soto, la Sra. de Trigueros, la Srita. Angelita Martínez, Don Bartolo Romero, el Sr. Lozano, Don Chico Henríquez, el Sr. Moreno y el señor Guerrero.
Y del ITI durante el bachillerato técnico, recuerdo, al Sr. Rodríguez en Mecánica General, el Sr. Barraza y don Régulo Pastor Murcia.

Luego en Alemania, en el curso de alemán, recuerdo al Sr. Neuman, al Señor Stier, que hablaba español y durante todo el curso nunca dijo una palabra, sino hasta la despedida cuando me preguntó. ¿Señor Roque, le gusto el curso de alemán? Por un momento dude si hablaba en alemán o en español… ¡Pero usted habla español! le respondí. Sí, he vivido en Sur América… Pero nunca me dijo nada en español… Le comenté. Y el respondió. ¡Estábamos en un curso de alemán!

Y del curso preparatorio para la escuela de ingenieros, me viene a la mente el Sr. Ukschapowsky, el Sr. Müller y el Sr. Reichel que nos enseñó a pronunciar correctamente el alemán técnico.
De la escuela de ingenieros recuerdo a los profesores Sr. Schon, Jost , Oziander y Kühn. Al Dr. Jakoby y al Dr. Bretschneider … Y del Postgrado, al Dr. Lueb, una eminencia en metalografía pues estudiábamos en sus propios libros.
Y del examen de traductor alemán-español, recuerdo al Dr. Büchner, un erudito que escribía editoriales en el Frankfurter Algemeine Zeitung, un diario muy influyentes en Alemania.

Y en mi profesión de consultor, mi maestro más importante sigue siendo el Sr. Masaaki Imai, el gurú japonés del KAIZEN. Y también de cada presidente de las empresas para las que he trabajado aprendí, pues cada uno sabe mucho de su especialidad.

Pero mis mejores maestros fueron mis padres. Mi padre me enseño el oficio de mecánico y mi gran maestra fue mi madre, con su visión de largo plazo priorizando el amor a sus hijos, la prudencia, el respeto, la responsabilidad y dedicación al trabajo. Y la lección más importante me la enseñó cuando tenía ocho años. Me preguntó por qué siendo casi las tres de la tarde no me había ido a la escuela. ¡Es que hoy no hay clases respondí!… Me miró, me tomó de la muñeca y caminamos en silencio a la escuela. Llegamos cinco minutos antes de las tres. Saludó a la directora que eran amigas y viendo que todos los niños estaban formados, muy molesta, le prestó un cincho a otro niño, y a mi que llevaba pantalón corto, me dio tres cinchazos en las piernas diciéndome: Uno por mentir, otro por no querer ir a la escuela y el tercero por el ridículo frente a los maestros. Le sigo agradeciendo a mi madre su reacción, porque en solo treinta segundos me enseñó, todos los valores útiles para la vida…

Pues a ver si mi lista de maestros le recuerdan a los suyos y lo que le enseñaron.

Pedro Roque

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