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El paradigma del desorden, nuestro peor enemigo

Un paradigma es una creencia aferrada que incluso sabiéndola perjudicial, la gente aplica y asume como normal en lo propio y en otras personas. 

Y así, el paradigma del desorden, es nuestro peor enemigo y nos hace más daño y causa más muertes, que el COVID-19, otros virus y bacterias. Como en todo, hay excepciones, pero en general, aquí se acepta el desorden como normal, e incluso, se asume y justifica. 

El mayor daño, peor mal ejemplo y del cual derivan, muchos otros, es el desorden político. En el manejo de las cosas que atañen a la sociedad, una parte es organizativa, que incluye la planificación, la definición de objetivos, la coordinación, logística, operación, control y presentación de resultados sobre el cumplimiento de los objetivos y en qué sirvió a la sociedad. Y la otra parte es la política, es decir, la orientación real o subliminal con la que se hacen las cosas.

Un amigo empresario en agradecimiento de que su empresa en estos momentos va bien, compro víveres y preparó muchos paquetes para entregarlos a familias necesitadas. Me cedió un determinado número para una comunidad que conozco aledaña a San Vicente y fui a entregarlos… En lo organizativo todo funcionó como fue previsto y en lo político también. En lo organizativo el objetivo era ayudar sin esperar nada a cambio, y en lo político, solo ayudar. Las familias lo agradecieron, lo vi en sus rostros, dieron las gracias y desearon bendiciones. Los paquetes eran transparentes, pesaban 12 kilos y no llevaban ningún logotipo de la empresa que los pagó. Así es como se debieran hacer todas las ayudas y políticamente sin esperar nada a cambio, es decir, de los salvadoreños para los salvadoreños. 

La falta de entendimiento organizativo y político entre los poderes del Estado es otro desorden que genera mal ejemplo. Y tan grave como el político, es el desorden en las redes sociales para manipular la opinión en lo político, en lugar de hoy que pasamos por graves necesidades, tranquilizarnos y enseñar a protegerse del virus.

Fui este miércoles a Ilopango, a la colonia Valle Nuevo y no se entiende cómo la alcaldía permite el desorden de trailers parqueados a ambos lados de la única calle de entrada para los vecinos.

Ahora que no circulan buses, el tráfico fluye sin los desórdenes que generan grandes embotellamientos. A ver si el VMT organiza y vigila, que la nueva normalidad, incluya el ordenamiento de la circulación de los buses, más para transportar a los pasajeros con seguridad y comodidad, que para que el motorista maneje tratando de pasar al de adelante y que no le pase el que viene atrás. Se debe parar el desorden denunciado frecuentemente en los medios sobre cómo se están realizando y asignando las compras con los fondos del Estado, por cierto, con dinero prestado que pagaremos entre todos.

El desorden con el manejo de la basura como fuente de riqueza reciclándola, frente al desorden de dejarla en las calles por varios días como fuente de contaminación. El desorden y mala imagen de miles de carros y carrocerías chatarra en la orilla de las calles y carreteras y como estos muchos más… Si quiere continúe y encontrará por lo menos veinte, incluyendo los de la propia empresa y la casa.  

¿Y la solución?… ¡Cada uno! Si Ordenamos las cosas en lo técnico-organizativo y lo político-económico-social, tendremos un mejor país. 

El problema grave del «paradigma del desorden» es que incluye la indisciplina y asume como normales los abusos, el irrespeto, el mal uso de los recursos y la corrupción. Por eso insisto en que el «paradigma salvadoreño del desorden”, seguirá siendo nuestro peor y más caro enemigo. 

Pedro Roque

2 comentarios en “El paradigma del desorden, nuestro peor enemigo”

  1. Pedro Excelnte artículo muy con los pies puestos sobre la tierra y con recomendaciones puntuales como debemos colaborar con nuestros semejantes, sin esperar retribucieon, muy cristiano. Lastimosamente nuestras autoridades son la primeras en dar el mal ejemplo y llevar para su beneficio todas las actividades como esta que emprenda y con «manita alzada» para todos los que «pululan» a su alrededor, persona, diputos afectos, alcades y partiduchos.

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