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El poder del hambre

Entre el miedo a la muerte y al hambre, está siendo más fuerte, y quizás siempre lo fue, el miedo al hambre.

Salí esta semana por asuntos urgentes y para sentir la situación, alargué en una hora y en veinte kilómetros la salida, e incluso, estuve en la primera “trabazón” quince minutos en Santa Tecla.

¿Y que vi? Pick ups transportando personas amontonadas, muchos negocios abiertos por la gran necesidad y desesperación de las ventas en la calle para sustento.

En las colonias ya vemos rótulos en muchas casas de “se alquila o se vende”, y van aumentando las empresas y familias que no podrán pagar sus créditos. Se espera que llegarán a algún acuerdo con los bancos, para capital e intereses no pagados, amortizarlos en los próximos cinco años con un nuevo crédito. Será una nueva deuda más, a causa del mandato de cerrar y no tanto por la pandemia.

Y para recuperar cada día que pasa sin trabajar ni generar ingresos, suponiendo que el negocio produce el 20% de ganancia cada día, significa que necesita el beneficio de cinco días para recuperar cada día perdido. Es decir, si le va bien y ha cerrado 120 días, las próximas 120 semanas, dos años y medio, olvídese de utilidades, su beneficio será, para pagar las deudas.

En España, en la crisis del petróleo, el salvavidas para muchas PYMES fue “sumergirse”; es decir, declararse en quiebra y continuar trabajando sin registro fiscal, o sea, sin pagar impuestos, y así sobrevivieron muchas familias. Aquí, con el virus, es parecido a como con la lluvia, si se sabe que va a llover y no se lleva paraguas, se mojará.

El virus existe, hay muchas personas que lo tienen y no lo saben, pero como son conscientes de los riesgos, se protegen, no representan peligro y no contagiarán a otros. Lo mejor para todos es que se deje trabajar. Pero también está la minoría desobediente que nunca hace caso, y aunque sepa del riesgo de contagio, no se protege; y si son portadores, contagian a otros y a sus parientes.

Es como cuando en una colonia un desalmado por manejar ebrio a gran velocidad, tiene un accidente, y el alcalde o alcaldesa manda a poner túmulos en todas las calles. En otras palabras, hace pagar a justos por pecadores. Con la pandemia vamos por el mismo camino, entre los desórdenes vistos durante el reparto de víveres y los irresponsables, harán que se siga posponiendo y volviendo a posponer la apertura de la economía.

Ya entendimos que el sistema de salud colapsó, que cada uno se las tiene que arreglar en su casa, y lo de mantener cerrado para “salvar vidas”, no se lo cree nadie. La dureza del hambre está causando que la gente se rebele. Todos sabemos sobre la mascarilla, la distancia y lavarse las manos, y que, haciéndolo, el riesgo de contagio es semejante al del Dengue por la picada de un zancudo.  

Esta semana aterrizó el primer vuelo en Costa Rica con turistas, procedente de España, cumpliendo los procedimientos antes de embarcar en Madrid, y al desembarcar en San José.

Hace varios días el señor Michael Ryan, uno de los altos directores de la OMS dijo al mundo: «Las economías deben reabrirse, la gente tiene que trabajar, el comercio debe reanudarse». Naturalmente, protegiéndose del contagio que ya sabemos que existe. Aquí las empresas medianas y grandes beneficiadas por la pandemia, y los bancos están ganando mucho. Está bien, pero las otras y el comercio se hunde cada día más.

Señores, más días cerrados, solo generan más deudas del gobierno y de cada uno, más desesperación, más hambre y menos credibilidad en lo político y de los políticos.

  Pedro Roque

2 comentarios en “El poder del hambre”

  1. Es una gran verdad sr.Roque la solución no es seguir encerrados muchas personas no morirán del virus sino de hambre y problemas mentales,Hay niños y jóvenes depresivos por el encierro y falta de alimentos ,Lo mejor es que hayan fuentes de trabajo y cada quien es responsable de protegerse.gracias por su aporte. Ssludos.

    1. ¡Gracias por tu comentario, Etelvina! Y claro, cada quien conoce cómo protegerse y es su responsabilidad hacerlo, sin que esto debiera afectar su trabajo como fuente de ingresos. ¡Saludos!

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