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Los “Maitros” y los “Don” de San Vicente.

Entre tanta incertidumbre nacional es reconfortante recordar y honrar a las personas que en todas las ciudades, cada uno en su oficio, conseguían que las cosas funcionaran. En mi ciudad, San Vicente, les llamaban cordialmente, “Maitro”, seguido de su apellido. Hoy me permito recordarlos y agradecerles porque en sus talleres enseñaron un oficio a muchos aprendices.

Muy conocidos eran el “Maitro Pacas”. En su taller reparaban todo tipo de vehículos y en las fiestas decembrinas armaba las carrozas con luces para llevar a las reinas de los barrios de sus casas hasta el Parque.
El “Maitro Roque”, mi padre, mecánico graduado en el Santa Cecilia, que tuvo la iniciativa de comprar el primer aparato de soldar y pasó de los remaches y tornillos a la soldadura eléctrica de los balcones, puertas y barandas de hierro que hacíamos en su taller. El “Maitro Higinio”, tenía un taller de hojalatería. Hacia canales, ollas, jarrillas y cualquier trabajo de lamina galvanizada. El “Maitro Oliva”, excelente constructor de casas de las que muchas han superado varios terremotos.
El “Maitro Argueta”, excelente carpintero. Fabricaba muebles y ataúdes acabados con “barniz de muñeca” y el “Maitro Alas”, también carpintero, que su hijos y nietos siguieron en la carpintería.

Pero también recuerdo y honro a otros personajes conocidos por su nombre y apellido, precedido por “Don”… Don Emilio Martínez, excelente sastre de trajes a la medida. Don Pacito Chacón, hacía pantalones a la medida. Mi madre me decía. “Andá donde don Pacito, que te tome medias y te diga cuanta tela compramos”. Me admiraba como tomaba 12 medidas y su esposa las anotaba seguidas en un cuaderno. Yo me preguntaba, como no las confundía, hasta descubrir que siempre las tomaba en el mismo orden.
Don Luis Chávez excelente relojero, reparaba relojes de todas las marcas. Don Luis Peña, polifacético hojalatero, hacia lo que le solicitaban de lamina galvanizada. Don Dimas Villalta, en su taller de talabartería hacían monturas, polainas y artículos de suela. Don Próspero Monteagudo, en su taller hacían zapatos a la medida, igual que Don Paco Chávez, que además, ofrecía zapatos de otras marcas. Don Julio Villa Alta, fue el primero que puso una peletería que evolucionó a ferretería. Don Paco Cornejo, excelente zapatero y músico. Don Andrés Rodríguez gran saxofonista y fundador de la orquesta Hermanos Flores. Don Daniel Cañas, creo la empresa de buses “La nuestra” y Don Alonso Chamagua instaló la primera gasolinera… Son muchos más los “Maitros” y “Don” que por razón de espacio no mencioné y me disculpo.

¿Y cómo es hoy San Vicente? En lugar de talleres, muchas tiendas revendiendo los mismos productos de china, un mercado desordenado, basura por doquier, el río seco, Amapulapa con menos agua y mal mantenimiento y el reloj de la torre parado y muchos jóvenes pensando emigrar.

La solución para San Vicente podría ser la cooperación organizada de empresarios, comerciantes, emprendedores, los institutos, universidades y los vicentinos aquí y en otros países, para crear entre todos una plataforma de inversión colaborativa y convertir San Vicente en autosuficiente y autosostenible.

En medio siglo, San Vicente no fue prioridad para el desarrollo, lo poco realizado es de supervivencia, y con los pies sobre la tierra, no imagino las criptomonedas como solución…

Y en su ciudad, seguro que antes de la invasión de productos del lejano oriente, también hubo personas que en sus talleres resolvían problemas y enseñaban. Si es mayor de cincuenta, seguro que los conoció y quizás como yo, también fue aprendiz y recuerda con algunas lagrimas a sus maestros y otros amigos que también fueron aprendices. Agradezcámosles sus enseñanzas que sirvieron como fundamento para nuestro desarrollo aquí o en otros países.

En San Vicente siempre hubo y hay buena gente tanto aquí como en otros países, pero falta organizarse y priorizar el desarrollo industrial y económico de la ciudad.

Pedro Roque

1 comentario en “Los “Maitros” y los “Don” de San Vicente.”

  1. Salvador Ernesto Vásquez

    Excelente la narrativa que haces de tu pueblo;es de apreciar y admirar que haces alusión a tus raíces. Esos maitros y dones existen en forma similar en mi pueblo Jayaque y en otros pueblos. Es una lástima que muchos de ellos no lograron transmitirles esos valores y emprendimiento a sus hijos y familiares. Ahora les toca el relevo a los jóvenes, retomando esos valiosos referentes para continuar con esos proyectos y cultivo de esas tradiciones. Los que están afuera pueden ayudar con los recursos y los de aquí a poner manos a la obra sin tener la necesidad de salir del país a aventurar sin objetivos claros. Muchas veces las respuestas a tus necesidades las tienes cerca y no las ves.

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