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Saliendo de la cuarentena

Sigo diariamente las estadísticas mundiales del COVID-19 que emite el Centro para la Seguridad de la Salud Johns Hopkins, que recibe la información de la evolución de la enfermedad de todos los países y salvo errores o mala intención por conveniencias políticas, creo que es la fuente de información más confiable.

Con las medidas a tomar y cómo iniciar la “desescalada” para volver en fases a la situación que llaman “nueva normalidad”, sigo las regulaciones de Alemania, porque conozco la mentalidad y la seriedad con que han manejado la pandemia. Es donde menos fallecidos hubo en relación con los contagios y quienes mejor preparados están para responder a los enfermos graves, incluso de países vecinos.

Con el desarrollo de la enfermedad, es cierto que aun no está bajo control en ningún país, en unos sigue creciendo como aquí, en otros se estabiliza y en muy pocos comienza a descender, pero cuando se abrió la cuarentena y la gente salió a pasear, a las terrazas y parques, hubo un “repunte” y las medidas se restringieron nuevamente.

Es cierto que según los epidemiólogos, matemáticos y virólogos el virus durará hasta que la mayoría de la población sea inmune, cuando el 60% de la población nos hayamos infectado e inmunizado. Lo que aflige es la inseguridad de si enfermamos, sobreviviremos o moriremos, por el temor natural a la muerte.

También es cierto que aquí la enfermedad está en su fase creciente y si los números que nos dicen son ciertos en relación con la población y las aglomeraciones de personas, seguramente continuarán creciendo en infectados, recuperados y fallecidos, y también es verdad, que los hospitales no tienen la capacidad para atender a cientos de pacientes…

Pero frente a estas realidades, están las necesidades de todas las personas sin ingresos que sustentan a su familia del comercio informal, los empleados que perdieron su trabajo, los empleados con contratos suspendidos y las empresas que cerraron hace dos meses, ya sobre el tercero, sin ingresos y acumulando intereses de sus créditos .

En varias ciudades europeas están organizándose manifestaciones contra las restricciones de los gobiernos, pues las personas ya no aguantan el encierro y las empresas las pérdidas. Aquí también, ya empezaron de diferentes formas y seguramente por la desesperación y las necesidades continuaran y la participación será creciente.

Es necesario y urgente volver a los trabajos, antes que la situación se vuelva insostenible por falta de ingresos, tomando las precauciones adecuadas, pero con responsabilidad y seriedad por parte de cada uno, tanto las empresas, como los trabajadores en sus casas y el transporte.

En lo económico, los únicos generadores de impuestos son las empresas y asalariados, y si esto sigue así, porque ni las empresas ni los asalariados tienen ingresos, por aritmética y lógica tampoco lo tendrá el gobierno. El Ministerio de Hacienda ya anunció reducción de los ingresos y de seguro que también se reducirán las remeses.

Nada es posible sin los riesgos naturales de cada actividad y todos corremos riesgos diariamente, pero con inteligencia y sentido común los podemos prevenir. Conversando con un empresario que ha resuelto el problema de transporte, me cuenta que sus 200 empleados están conscientes de los riesgos, contentos de estar trabajando y ninguno se ha contagiado.

Nadie ignora que se deben usar mascarilla, lavarse las manos y mantener la distancia. La autodisciplina en cumplir estos requisitos, los acuerdos entre empresas y empleados y el compromiso de cada uno con su familia de evitar el contagio, puede ser la gran lección de autodisciplina que aprendamos y apliquemos para desbloquear la situación en que estamos, que como un espiral, con cada vuelta crece en complicaciones que cada uno tendrá que resolver por su cuenta.

Pedro Roque.

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